
La administración del presidente estadounidense Donald Trump ha movilizado una importante concentración de fuerzas militares en Oriente Medio, acercando buques de guerra, cazas furtivos, bombarderos y sistemas de defensa avanzada a las fronteras de Irán en medio de crecientes tensiones por el estancado diálogo nuclear.
Según datos de seguimiento de vuelos y anuncios oficiales, Estados Unidos ha enviado decenas de aviones de combate de última generación —incluyendo F-22, F-35, F-15 y F-16— junto con aviones cisterna de reabastecimiento y aeronaves de guerra electrónica. Esta acumulación forma la mayor concentración de poder aéreo estadounidense en la región desde la invasión de Irak en 2003.
En el mar, dos grupos de portaaviones —el USS Gerald R. Ford y el USS Abraham Lincoln— están siendo posicionados en el Golfo Pérsico y el Mar Arábigo, escoltados por destructores y otras embarcaciones de guerra. El despliegue naval incluye sistemas antimisiles capaces de interceptar amenazas balísticas y lanzar misiles de crucero si se ordena una ofensiva.
La Casa Blanca ha advertido que Irán enfrentará “consecuencias serias” si no acepta detener su programa de enriquecimiento de uranio y ceder en negociaciones clave, aunque todavía persisten conversaciones indirectas en Ginebra sin avances decisivos. Las fuerzas estadounidenses también han reforzado su defensa con baterías Patriot y sistemas THAAD para proteger bases y aliados en la región.
El despliegue se produce tras un conflicto de 12 días entre Israel e Irán el año pasado, durante el cual Estados Unidos participó en ataques a instalaciones nucleares iraníes y enfrentó una respuesta con misiles balísticos.
Analistas señalan que, aunque no está claro si Trump ordenará un ataque directo, la escala de la concentración militar muestra que Washington está preparado para una operación amplia si falla la diplomacia.